Marnaton Cap de Creus-Cadaqués 6.5 k

Llegaba una clásica de las aguas abiertas, la Marnaton Cadaqués, la primera de todas para mi y la prueba con la que me enganché a nadar de verdad, hace ya diez años de aquella primera vez y, desde entonces, he hecho todo lo posible para no faltar ningún año, y hasta ahora lo he conseguido, participar y terminar, así que seguiré siendo uno de los 9 privilegiados que hemos completado todas las ediciones de Marnaton Cadaqués.

Esta vez el cuadrante laboral no me lo puso nada fácil, y hubo que hacer un sube-baja para poder cumplir, eso implicaba un super-madrugón, 4.30 arriba, un primer desayuno, viaje de casi 2 horas hasta el lugar, desayuno, logística y traslado al lugar de la salida, cuando tocaba agua por primera vez ya llevaba 5 horas despierto, pero sin estarlo del todo, una sensación rara rara.
Todo en orden, a la llegada a Cadaqués me encuentro con Fran, que ya me tiene el dorsal a punto, y solo queda enfundarse el traje de neopreno e ir a buscar el barco que nos lleve al lugar de salida, nos acomodamos en el primero de los barcos y por delante más de una hora de trayecto hasta el lugar. Desde el barco podemos ver el recorrido a realizar, todo ya correctamente balizado, el estado del mar, con una pequeña ola de norte, que en teoría nos ayudará a nadar, charlar, terminar de desayunar, untarnos de vaselina, ajustar el traje y demás…..tiempo para todo y para nada, pero útil para dejar de pensar en lo que debíamos hacer en breve.
Con el barco ya en el sitio toca tirarse al agua, Cala Jugadora, un saltito sin pereza y al agua pato, la primera impresión fue de agua bastante fresquita, acentuada por esa tramuntana notable que ya se notaba desde el barco. Faltaba unos 15 minutos para la salida, así que entre saludo y saludo vamos nadando un poco, moviéndonos, todo para eludir esa sensación de frío y, a la vez, activar el cuerpo, todo sin descuidar el lugar de salida donde deberíamos colocarnos, una vez más eligiendo la boya derecha mirando hacia mar adentro.
Nos colocamos en la salida y esperamos, fresquito, frío, mientras vemos que todavía llegan nadadores al lugar, nos dicen retrasar la salida unos diez minutos más, con lo que toca seguir en movimiento y repetir la jugada. De nuevo más de lo mismo, un poco más de retraso por la llegada de nuevos nadadores, había que seguir moviéndose para no quedarse frío.
Finalmente, llega el momento de la salida, me ubico en el lugar elegido, junto a varios amigos y grandes nadadores, Rafa Cabanillas, Pol Gil, Popy, Mireia Gómez, Sabina, Félix, Oscar, Santi…era el momento de mentalizarse en lo que tenía delante y tener clara la estrategia a seguir hasta el primer giro a derechas.
Como siempre David Campà da las últimas instrucciones y la salida, empieza la diversión.
No salgo todo a la derecha como quisiera, aunque sí bastante, tengo gente por todos lados y hay que nadar con cabeza y precaución, un golpe mal encajado en estos primeros metros sería fatal. Empiezo a nadar cómodo, buscando siempre los pies del de delante, sin dejar hueco para que nadie pueda colarse, tengo nadadores a la derecha, a la izquierda y por detrás que acosan pies a saco. Me dejo guiar por los de delante pero sin perder de vista esa referencia de la primera boya y las rocas del margen derecho, no quería quedar atrancado ya de inicio.
Con un par de golpes recibidos consigo llegar a esa primera curva, pudiendo girar bastante cómodamente y encarar ya la primera larga recta en buena posición, o bastante buena y sin complicaciones, ya habíamos salvado, para mi, el lugar más crítico de la travesía.
Tocaba coger el mejor ritmo posible y dejarse un poco llevar por el grupo en el que pudiese encajar, siempre sin dejar de visualizar las muchas boyas que balizaban todo el recorrido. Relajo un poco el ritmo, lo hago de forma automática, quizás necesitaba liberarme de la situación de estrés de la salida y que el cuerpo empezara a responder mejor y más suelto.
La verdad, necesito apenas un par de minutos para soltarme y sentir ese agua del mar como a mi me gusta, para comenzar a disfrutar. Levanto la cabeza de nuevo y veo como el grupo ya se ha estirado bastante, como los primeros andan lejos y como a mi alrededor tengo muchos nadadores con los que compartir brazadas, así que empiezo a buscar mi “carril” y empiezo a buscar esa velocidad de crucero.
No quería pasarme de ritmo, primero para no llegar al final fundido y segundo, pensando en la travesía corta de después y que sí quería disputar. En apenas unos metros quedo rodeado de gente de mi nivel, aparentemente, con lo que vuelvo a calmarme un poco y dejarme llevar por el grupo, muy amplio y en el que parece que puedo nadar fácil y sin golpes.
En ese grupo paso varias boyas de referencia, nadando cómodo y muy buen ritmo, también es cierto que el mar, en algún tramo, nos dejaba volar raso…las sensaciones eran increíbles, poder nadar cómodo y rápido, dejándose llevar y corrigiendo lo mínimo la trayectoria….era una situación perfecta para sentir el mar, para disfrutar pero que no beneficiaba mucho o tanto como a los que nadaban a tope, cuanto más rápido ibas, mayor era el empuje y mayores las diferencias que se hacían entre grupos, así pues, superando los dos primeros km de travesía, decidí apretar un poco más, escapar del grupo y hacer mi propia travesía.
Nadaba como en las mejores ocasiones, rápido, cómodo, disfrutando y con confianza, sintiéndome capaz…tenía que aprovechar el momento. Me separo del grupo pegándome primero un poco más a las rocas, trazando por el interior, poco después abriéndome un poco más hacia el exterior, todo dejándome llevar por el mar, buscando siempre su ayuda y no su oposición, eran momentos para estar atento a las boyas, sentir bien las olas y no equivocarse con la decisión de trazar por un lado u otro.
Ya en el recorrido de la travesía mediana toca hacer primero una recta larguilla y después una curva a izquierdas para encarar otra de las zonas clave de la travesía.
Estos próximos metros serían los más disfrutados de toda la travesía, con el mar más movidito en esa larga recta, en la que consigo ir ganando algún puesto, nadando a gusto, suelto, cómodo y disfrutando mucho, mirando el reloj de reojo y viendo como el promedio era muy bueno demasiado bueno, y eso, claro, era un arma de doble filo, podía conformarme con ello o querer ir a por más. Evidentemente elegí la segunda opción y decidí apretar un poco más.
Antes de llegar al estrechamiento de Caials, disfruté de los mejores momentos, las mejores sensaciones de toda la travesía, pudiendo nadar al gusto, rápido y seguro, siempre rodeado de kayaks y en un circuito muy balizado y que daba nulo margen de error para hacer metros de más.
Aproximándome a los 5 k de travesía, lugar donde estaría el segundo avituallamiento, del primero, no me di cuenta, la verdad….ni lo esperaba, ni lo necesitaba ni nada más, así que mirando solo boyas de referencia y los nadadores de delante, poco margen tenía para percatarme de lo que pasaba alrededor, consigo ver un pequeño grupo con el que decido nadar el tramo estrecho, siempre en mi recuerdo las malas experiencias de algún año quedando embarrancado en las rocas…así que ese momento es perfecto para dejarse llevar un poco a pies del grupo y aprovechar para “descansar” psicológicamente un poco del esfuerzo hecho en el tramo intermedio de la travesía, dejar de atender un poco las boyas, el ritmo y la concentración de carrera, pudiendo disfrutar ahora también del fondo marino de esta zona y del super-avituallamiento montado en el km 5, con música, animación y hasta una Volkswagen California clásica expuesta en un precioso lugar…me encanta nadar así, compitiendo un poco, pero también sabiendo buscar esos momentos diferentes para sonreír un poco y olvidarse del crono…hay que recordar que no vivimos de esto, aunque nos guste competir….así pues, lo mejor es encontrar un equilibrio y vivir al máximo el momento.
Creo que es la primera vez en todos los años que he pasado por esta zona que consigo salvar ese paso de tan poca profundidad sin complicación alguna, sin percances y con tan solo una brazada tocando suelo, lo he disfrutado nadando a pies del grupo, el paso y el exterior.
Superado este tramo toca encarar ya la bahía de Cadaqués y soltar lo que queda dentro, encarando los últimos mil y pocos metros. A la salida de la zona estrecha se nota, primero, la aproximación de final de carrera y, segundo, que la corriente y las olas ya no nos ayudan, con lo que toca aplicarse al máximo. Referencias claras, boyas amarillas y rocas, solo queda bracear al mejor ritmo posible.
Pasamos la primera boya con el grupo un poco disperso, pero sin diferencias entre nosotros, el grupo es numeroso, y se juegan muchos puestos en apenas unos segundos de margen, supongo que todos somos conscientes de ello y ninguno quiere ceder, evidentemente, yo tampoco, y tampoco sabiendo que después de los 6.5 k había 2.5 k más, quería arriesgar y dejarme llevar por el momento.
La segunda boya crea un poco de confusión, estando al lado de muchas embarcaciones, debiendo pasar por en medio de ellas para encarar la siguiente boya, estos metros ayudan a difuminar un poco el grupo, este se abre y comienza la batalla individual, cada uno por su camino y aunque los ritmos son muy similares, la esquiva por un lado u otro de una embarcación puede determinar un puesto u otro en la clasificación final.
Vemos la siguiente boya, también en medio de embarcaciones, y aunque se ve bien también, el trazado es un poco libre y cada nadador decide por donde trazar y por donde llegar a ella, a medida que nos acercamos a ella podemos ver ya las dos últimas boyas que, con sus respectivas corcheras nos llevan hasta el arco de meta, es el momento sprint, el momento de no mirar y nadar a tope respirando lo más mínimo, acordándome de esas series agónicas de apnea y mínimas respiraciones que de algo tienen que servir.
Me pongo a la par con Marc Luque, un gran nadador muy joven y al que pocas veces tengo opciones de seguir, nada que hacer en los metros finales, que define muy bien y sale justo delante mío, siendo el segundo y tercero del grupo, respectivamente, lo que nos premia con puestos “de lujo” en la clasificación final.
1.26.48 para completar esta 10ª Marnaton Cadaqués en un luchado top-30, puesto 29 final que me sabe a gloria, un puesto que llego acompañado de un gran tiempo sin haberme sentido presionado en ningún momento por conseguirlo, con lo que su sabor es más auténtico todavía.
Medalla al cuello, coca-cola fresquita y a por la bolsa del guarda-ropa, tocaba calzarse las zapatillas y caminar hacia Caials, lugar de salida de la siguiente travesía en apenas una hora de diferencia, por el camino podría ver a mis compañeros llegar y valorar un poco más lo que acababa de conseguir.

Datos de carrera: Marnaton Cadaqués 6.5 k (Cala Jugadora- Platja Gran Cadaqués)

Distancia Garmin: 6350

Tiempo Garmin: 1.26.56

Tiempo Oficial: 1.26.48

Brazadas: 3483

Ritmo medio: 1:22/100 

Puesto general: 29

Puesto categoría: 7

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