Travesía Internacional de La Bocaina

Nueve años después de mi primera vez en esta travesía quise volver a participar, sumando mi séptima participación en estos 10 años y es que aunque quisiera volver siempre, no siempre es posible, ya bien por trabajo o por que otras prioridades me reclaman, así que en cuanto puedo aprovecho para escaparme unos días, nadar y relajarme en uno de mis rincones favoritos, Lanzarote.

Este año basé la preparación en 9 semanas específicas, donde básicamente nadé, muchos metros, más de 300 k, competí todas las pruebas de aguas abiertas que pude, con y sin neopreno, hasta 9 travesías en estas 9 semanas, alternando las sesiones de agua con un poco de bici y lo mínimo de carrera a pie. La preparación fue buena, durilla de inicio, pero tras 2-3 semanas de no encontrarme del todo cómodo con las sensaciones y los ritmos, llegaron las buenas sensaciones y los buenos ritmos, además de varios podios en las travesías que realicé.
No hice semanas de excesivos metros, pero sí fuí regular en estas semanas, nadando todos los días, sin descanso propiamente dicho, sí dando días de nado cómodo al cuerpo, pero siempre tocando agua y cogiendo confianza, varios días de doble sesión, pudiendo entrenar volumen a mayor calidad y sin consumir cartuchos de trabajo mental en sesiones excesivamente largas.
Con esas 9 semanas, esos más de 300 k nadados y la experiencia previa en la prueba llegaba con confianza y ganas de hacer un buen papel en esta travesía que tanto me gusta, incluso podría decir que es mi favorita, además quizás llegaba con un puntito más de velocidad de crucero que otros años y eso me daba garantías para no sufrir en los primeros metros de travesía como en mi última participación.
Tras unos metrillos el viernes antes de la prueba, tocaba recoger la bolsa del nadador, allí junto a Fran, fuimos conociendo a nuestros compañeros de viaje esta vez, caras conocidas como Marc, Josep Maria, Erika, Rebeca y otras muchas que había visto o conocido por RRSS, además de los organizadores, Jose Carlos y Oliver. Gorro en mano, solo nos separaba de Fuerteventura, el briefing, la foto oficial de todos los participantes, la cena y nadar unos metrillos
Noche tranquila, que costó dormir, aunque siempre se agradece esa hora de menos a la que todavía no estás acostumbrado, desayuno potente, como siempre en mi cuando toca competición, sin extras, sin experimentos y únicamente con comida totalmente probada y con la suerte de poder dormir un ratillo más ya que la salida del grupo rápido era la más tardía.
Salgo del THB Tropical Island, hotel donde me alojaba, tranquilamente dirección a Playa Dorada, apenas 5 minutos de trayecto, momento para empezar a tomar conciencia de lo que iba a hacer, algo que ya conocía, pero que siempre es diferente año tras año, esta vez 28 nadadores en el grupo de los que no conocía apenas nadie, salvo Rebeca, y que no sabía que ritmo iban a poner de inicio, aunque como dije antes, llegaba con más auto-confianza que otros años para poder aguantar bien en el grupo rápido.
Justo al llegar veo al grupo lento afrontar los primeros metros de travesía, todavía con el día oscuro, aprovecho para comer un poco más, terminar ese desayuno y comenzar a enfundarme el traje, colocarme vaselina abundante en la zona del cuello y ubicarme estratégicamente los geles que iba a comer durante la travesía, hasta 8 preparados por si la cosa se alargaba más de lo previsto.
Cámara de llamada para el grupo medio, fotos y demás y llega su momento de partir, el nuestro se acerca ya un poco más, el grupo medio salía 25 minutos tras el grupo lento, y 25 después lo haríamos nosotros. Dejo ya la bolsa en el guarda-ropa, me cierro el traje y bajo a tocar agua, fotos de recuerdo, saludos a compañeros, ajuste del traje y a esperar ya con los nervios a tope el momento de partir.
Puntualmente salimos, empezamos a bracear en medio de un bonito y claro amanecer, el mar, con un poco de ola media, nos recibe a lo grande, el Atlántico nos iba a mostrar parte de su atractivo durante ese cruce de La Bocaina.
Primeros metros nadando muy cómodo, suelto, buscando siempre alargar la brazada al máximo, sin estrés y buscando ese estado zen que tanto me gusta en este tipo de travesías largas en grupo, tras apenas unos metros, mi nivel de confianza subía un poquito más, ya que podía nadar muy cómodamente dentro del grupo, sin alejarme de los primeros y con bastantes nadadores por detrás, lo que me dejaba saborear cada brazada un poquito más.
Salimos de Playa Dorada y, poco a poco, vamos viendo como el fondo del mar se va oscureciendo, dejamos de ver esa arena blanca y clara, para ir perdiendo nitidez de la visión y adentrarnos en un azul profundo espectacular, un entorno espectacular para dejarte llevar y disfrutar.
Seguimos nuestros guías, este año, para compensar esa corriente y viento de este, debíamos encarar la Isla de Lobos ya de inicio, nadando con corriente en contra todo el rato y bailando con unas olas medias, cómodas de nadar, aunque molestas para el cuerpo, con el desayuno todavía algo reciente y, como aquel que dice, recién despertado…jejeje…
Nado a gusto, muy cómodo, disfrutando, levantando la cabeza a menudo y controlando los kayaks guía, los nadadores que van delante, mi alrededor y los nadadores que van detrás, todo seguía en orden, esa primera parada pactada a la hora y media de travesía parecía no tener mayor dificultad.
De reojo miraba el garmin, solo para confirmar lo que sentía, que el ritmo no era bueno, no era rápido, pero las condiciones de nado no eran óptimas y quizás tampoco nada buenas en este inicio de travesía, pero debíamos superar este tramo y esperar a que el viento cambiara a noroeste para poder nadar en mejores condiciones la siguiente parte de la travesía.
Buenas sensaciones nadando, sin sensación de hambre ni sed, todo en orden y como tenía previsto, aunque en este primer sector hubo un momento crítico en el que me sentí algo mareado o con algo de malestar, por suerte para mí, controlé rápidamente esa sensación y cambié radicalmente las emociones de mis pensamientos, de nuevo en positivo…no podía marearme, no debía hacerlo y la comida ya había hecho su proceso de digestión correcto, con lo que aquello era solo una emoción negativa que debía superar. Además, había tomado mi biodramina para la ocasión con lo que nada de mareos. Posiblemente al venir todas las olas del este, por mi lado de respiración, estaba tragando más agua de la cuenta y ello no me aportaba el confort deseado o esperado.
Se acercaba el momento de la parada y, eso se notaba en el grupo, algún que otro cambio de ritmo, el grupo se estiraba un poco más y parecía que había prisa, aunque debíamos esperar al tiempo no a los metros para avituallar.
Puntualmente nos paran y comienza el primer avituallamiento, más o menos según lo previsto, a las 1.25.46 horas de nado exactamente parábamos por primera vez, tan solo 4819 metros nadados, y a pesar de llevar buen nado, no avanzábamos lo previsto o deseado, pero esas condiciones eran para todos igual, todos los grupos, todos los nadadores y debíamos adaptarnos a la situación.
Bebo un par de sorbos del isotónico de la organización, mismo sabor de siempre y que sienta divino, algo dulce tras llevar casi 90 minutos con la sal en la boca, me tomo dos de mis geles, dejo los envases en una de las canoas y espero el momento de continuar,  en algo menos de 6 minutos comenzamos de nuevo a nadar, a por el segundo intervalo, que ahora debería durar una hora más.
Reanudamos la marcha, con un nadador advertido ya dentro del grupo que se quedaba algo rezagado de la marcha del resto. Seguimos peleando con el agua, sorteando esas olas, avanzando lentamente pero disfrutando de cada brazada.

En este segundo arranque se pone un grupo rápidamente en cabeza y, poco a poco, empiezan a acelerar el ritmo, yo intento mantenerme en la zona media y no malgastar demasiada energía, nado un rato en paralelo junto a la campeona Rebeca Santos, aunque en un visto y no visto desaparece hacia los puestos delanteros.
Por un momento parece que nadamos con mar más favorable, pero sería solo un espejismo, eran los acelerones que se producían en el grupo, ahora mucho más estirado que durante el primer tramo de nado.
El tiempo parece pasar más rápido cuando miro de reojo mi reloj, avanzar no lo parece mucho, cada vez que levanto la cabeza no consigo ver mejor la Isla de Lobos, con lo que seguimos remando contra ola y contra corriente. El ritmo sigue acelerándose y, a pesar de no ser bueno en crono, sí lo es respecto al estado del mar, el grupo sigue estirándose hasta que se rompe sobre los 40-45 minutos, al menos, en dos partes, consigo cerrar el primer grupo de nadadores, por momentos, sufriendo un poco pero pudiendo resistir bien a pies.
El mar seguía peleón, fondo de color azul profundo, día soleado y sin bicho alguno a la vista….cuando estás así en medio de la nada, siempre esperas y deseas que algún bichito te haga compañía un rato, aunque no sepas nunca como reaccionarías en este caso. jejejeje.
Seguimos nadando fuerte, las sensaciones son muy buenas y esperando haber pasado el ecuador de la travesía antes de esa segunda parada.
Sobre los 52 minutos nos paran, no es avituallamiento, es re-agrupamiento del grupo, muy roto tras esos cambios de ritmo cuando apenas llegábamos a la mitad de la travesía, casi dos minutos parado y volvemos a remar,  Jose Carlos nos indica que falta poco para la parada pero que debemos seguir un poco más, a la vista teníamos un grupo de nadadores muy cerquita, supuestamente el medio. Nadamos unos 10 minutos más, a buen ritmo y pasada 1.04.11 horas hacemos la segunda parada.
Algo más de 3200 metros nadados, la sensación era de haber nadado más, incluso algún tramo con corriente favorable, pero el ritmo era aún peor que el del primer intervalo y no era por ir relajados.
Avituallamos rápido, ahora por debajo de los 5 minutos y, en mi caso, cumpliendo lo de la primera parada, un par de tragos de isotónico y un par de geles de los míos y viendo claramente que iba a gastar todos los que llevaba ya que la jornada iba a ser larga.
Tenemos a nuestra altura el grupo verde, el grupo medio, y apenas unos metros por delante el grupo lento, con lo que a pesar de ir “lentos” teóricamente los planes se cumplían y alcanzábamos los otros grupos antes de llegar a Fuerteventura, incluso antes de lo previsto. Jose Carlos invita al nadador apercibido ya antes de la primera parada a que pase al grupo medio, ya que en nuestro grupo no podía aguantar mucho más, por el contrario algún nadador del medio se une al nuestro y reanudamos la marcha.
Empezamos la tercera tirada, con la idea de parar de nuevo a la hora de nado y esperando ver ya entonces Fuerteventura más claramente y la punta de Lobos, sino tocando, casi a tocar, esa era la teoría.
Dejamos atrás el nado ese incómodo entre olas, Lobos nos protege un poco de esa ola, pero seguimos nadando contra-corriente, aunque los guías hoy parecen llevarnos muy directos.
Buenas sensaciones nadando, sigo disfrutando, sin molestia alguna, saboreando ese Atlántico como todas las veces anteriores, nadando con confianza, contento, con ganas y tranquilo. Ahora el grupo parece ser algo más compacto, nado a ratos por el lado derecho, a veces por el izquierdo, de vez en cuando por el medio, toco pies, me los tocan, algún toque que otro, a veces me salgo un poco del grupo y nado a mi aire, pero siempre controlando el grupo, divisando la parte delantera y no dejándome caer nunca a los puestos traseros del grupo.
De nuevo, a medida que pasa el tiempo el ritmo se va acelerando, o esa es la impresión, el grupo comienza a estirarse y, poco a poco, a romperse de nuevo, aunque sin conseguir tanta diferencia como en la segunda tirada, se ve incluso algún gorro verde, del grupo medio, entre nosotros tirando en la parte delantera y/o en puestos delanteros.
En mi caso podría nadar algo más rápido seguro, pero una de las características de la travesía de La Bocaina es la no competitividad, propiamente dicha, y el nado en grupo hasta casi el final, con lo que lo importante es saber adaptarse al grupo e integrarse bien en el mismo. Intentar llegar lo mejor posible al tramo final y luego ya, en total libertad, explotar hasta el final nuestras opciones.
Casi 55 minutos de nado en esta tercera tirada y casi 3 km más nadados, sobre los 10 k ya en total, con lo que, con suerte, una parada más nos esperaba o incluso dos, algún piragüista decía que con una más bastaría, alguno otro no lo tenía claro, pero entre el grupo ya comenzaban las ganas y los nervios de querer tirar a toda costa hacia meta.
Me sentía bien, muy cómodo en el agua, nadaba a gusto, disfrutando, ya sin ningún tipo de molestia, con confianza y con avituallamiento suficiente para dos paradas más de la misma duración incluso, todo iba según lo previsto. Parada de nuevo rapidilla, 5 minutos escasos y arrancamos.
De salida el ritmo es muy rápido, me cuesta un poco ponerme cerca de los puestos delanteros, nadando ahora con más golpes y nervios que en ningún otro momento de la travesía, el ritmo parece ser endiablado, pero muy lento debido a esa corriente en contra.
Controlo bien dentro del grupo durante unos 20 minutos aproximadamente, luego veo como el grupo se empieza a estirar y estirar, poco a poco, se va rompiendo y veo como un grupo de 10-12 nadadores aproximadamente se va, por detrás quedamos 5-6 nadadores nadando muy pareados, entre golpes, nerviosos, todos buscando pies y resguardo y perdiendo metros respecto a los de cabeza, por detrás otros 10-12 nadadores se quedan un poco más.
Sigo nadando, sin demasiados nervios, confiando en que pronto reagruparan el grupo y pararan a los de delante, mientras mi grupo, muy pequeño seguía avanzando bastante compacto, levantamos la cabeza muy a menudo siguiendo el globo de nuestras canoas guía, pero cada vez estaba más lejos y era más complicado de ver.
Ahora sí Lobos se veía cerca, Fuerteventura también y el tramo final se acercaba, pedimos a las canoas que nos reagruparan, pero eso no ocurre. Unos metros más adelante, sobre la media hora de nado me lanzo hacia delante en solitario, otro nadador se me pega a pies, no veía claro ese reagrupamiento y creía, por momentos, que ya nos dejaban nadar libremente hasta el final.
Pongo buen ritmo, sin forzar mucho todavía, ya que aún faltaba bastante y ese reagrupamiento podía llegar, no era plan de malgastar demasiada energía ahora, a los 50 minutos me paran, me veo solo, rodeado de canoas, por detrás van llegando, primero, el resto de mi grupo anterior, 6-7 nadadores, y algo por detrás el resto de grupo rápido, sin rastro de los que se habían roto en esta tirada, avituallamos un poco en dos minutos reanudamos marcha, esperando ya no más reagrupamientos y con tirada libre hasta el final.
Salgo a buen ritmo y no tardo en coger de nuevo algo de diferencia sobre los compañeros de grupo, no dejo de levantar la cabeza y tomar referencias, Lobos, Fuerteventura y las canoas que se veían por delante, seguíamos nadando en diagonal para avanzar recto, la corriente y el viento no había cambiado tal y como decía la previsión y llegaríamos a Fuerteventura habiendo nadado todo el rato contra corriente y sin un tramo favorable, el crono hablaba por sí solo.
Tras 9 minutos en los que intentaba coger mi mejor ritmo, me vuelven a parar, toca reagrupar de nuevo, pregunto por el resto del grupo y nadie dice nada, pero era obvio que ellos ya habían continuado, habían avituallado o no y que quedaban ya muy lejos para poderlos alcanzar….un sentimiento de rabia fluye dentro de mi, yo debería haber estado atento a ese corte y no haber perdido ese tren, ahora debía pelearme con el resto del grupo algún puesto mejor en la clasificación final.
Dos minutos y medio de avituallamiento, sobre los 14 k nadados y sobre los 2 k lo que nos quedaba para llegar a meta, bebo bastante de nuevo, me tomo un gel más, y espero el momento que nos dejen salir para poner la directa y darlo todo hasta el final….había soñado desde el momento que me inscribí en un top-10 y ahora no sabía a qué podía optar, solo quería darlo todo hasta el final y terminar con el mejor sabor de boca posible.
Nos dan vía libre y comienzo a nadar fuerte, como todos mis compañeros, pronto nos vamos abriendo y nadamos a lo ancho, sin referencias, sin pies a seguir y cada uno buscando su propia meta, ya no había concesiones, no había el compañerismo de los primeros metros y todos y cada uno de nosotros queríamos luchar ese crono, ese puesto final y, no creo que nadie, quisiera ayudar a nadie a conseguirlo.
Toca nadar levantando mucho la cabeza, ya que si bien es cierto que el muelle del puerto sí se veía claro, la boya de giro que debíamos tomar todavía no se veía.

Tras unos minutos de nado intenso, con los otros nadadores muy próximos, consigo abrir un hueco y marcharme solo por delante, alcanzo una canoa y le pregunto si ve la boya amarilla de giro, él me dice que lo siga, voy abriendo el grupo, cada vez más estirado, más roto y con los nadadores más dispersos, era el momento clave de la travesía, al que había que llegar con las ideas claras, la fuerza y energía necesaria para remar con fuerza y las mayores ganas posibles de terminar con éxito la travesía.
Nado a buen ritmo, cogiendo agua, avanzando rápido, con muy buenas sensaciones aunque empezaba a notar los hombros tocadillos, y es que no había nadado tantos metros con el traje con mangas desde hacía años, ni por supuesto, tantas horas, pero no era momento para lamentarse ni dejarse influir por esas molestias ni dolores, había que nadar y nadar fuerte hasta el final.
A lo lejos veo ya claramente el muelle, intuyo la boya de giro y me animo a mi mismo, he abierto ya suficiente hueco respecto a los compis de grupo y parece que el primer puesto de este segundo grupo no me lo va a quitar nadie.
Me tomo un respiro mientras no pierdo de vista esa boya amarilla, pasamos ya los 15 k de travesía y alcanzamos las 5 horas de nado, estaba siendo una de las ediciones más largas (en tiempo) de las 7 que he hecho, quiero e intento nadar lo más largo posible, sin estresarme mucho y manteniendo diferencias con los compañeros de detrás, mientras cada vez estoy más cerca de la boya de giro. Una vez en esa boya ya veo claro que nadie me va a alcanzar por detrás, aunque sin relajarme del todo ya que nos queda algo más de medio km seguro de nado.
Sigo nadando ahora ya sin perder de vista el arco de meta, las canoas que iban por delante se avanzan ya hasta el muelle para terminar su faena, quedando los nadadores solos por detrás camino a meta.
Esta última recta se me hace algo  larga y la pena fue no ver a un par de nadadores que tenía al alcance, aunque ya no contaba con ello tras la última parada sin rastro de ese primer grupo dividido del nuestro.
Braceo saboreando cada brazada, disfrutando como había hecho durante esas más de 5 horas de nado, visualizando mi séptima Bocaina 7 de 7, y una nueva larga aventura superada con éxito, veo el arco, escucho la música, al speaker y siento el calor del público, es mi momento, el momento dulce de la travesía, el poder cruzar ese arco, esta vez, en solitario, tranquilo y saboreando un poco más lo que acababa de conseguir, 5.16.24 mi tiempo final para esta séptima vez.
Momentos después sabría que cerraba yo el top-10 con el que había soñado tanto tiempo desde el momento que me inscribí, sabedor que podía haber hecho algo más y mejor, pero que ese no reagrupamiento total en la última parada me había perjudicado para esa clasificación final.
Contento, feliz, satisfecho (casi totalmente) con mi rendimiento, de como había leído la travesía y superado, esta vez, solo un pequeño bache de inicio, de como me había adaptado a esa mayor exposición de tiempo de nado debido a la corriente y de lo entero que conseguía llegar a meta esta vez, recordaba ediciones en las que llegar bastante deteriorado y queriendo comerme hasta las canoas….
Tomo líquido básicamente en el avituallamiento mientras comento parte de la travesía con Yolanda, la mujer de mi amigo Fran, aprovecho para darme un masaje antes que lleguen más nadadores y poder así disfrutar de la llegada de alguno de mis amigos y conocidos de la travesía, así veo llegar a Marc, Josep Maria, Erica y, también, a Fran….todos superando con éxito nuestro particular reto de unir a nado dos islas canarias cruzando el Estrecho de La Bocaina.
Una edición dura, luchada, peleada pero en que los guías se han portado de auténtico lujo, derivándonos muy pocos metros de la distancia teórica en línea recta, todo un éxito teniendo en cuenta el estado del mar y nadando sobre la marcha, sin balizas y sin referencias claras o fijas en el agua.
Masaje, ducha y comilona final en familia, comentando la travesía, los momentos divertidos y no tan divertidos de la travesía, recogemos nuestro detalle Finisher, sin duda, el más bonito, de todas las ediciones que he participado, también el más grande, y ese polo molón para lucir en próximos eventos, también muy chulo.
Entrega de premios, paseíto por Fuerteventura, heladito, despedida de varios amigos y ferry de vuelta al paraíso…..a disfrutar del trayecto que horas antes habíamos hecho nadando…….algún día, quizás, pueda intentar volver nadando también…..en mente está, lo seguiré proponiendo y quien sabe si algún año tendré esa oportunidad.
Edición con bastantes abandonos, muchos de ellos por mareos en los primeros metros, la parte más incómoda de nadar, otros por ritmos del grupo que no podían llevar y alguno más por molestias y lesiones varias, el caso es que de los 118-20 salidos, solo 83 llegaron a puerto en Corralejo.
5.03.10 fue el tiempo del vencedor, 7.36.26 fue el tiempo del último nadador llegado a meta y 5.16.24 el mío, a 13 minutos de ese mejor crono en este 2017. Volveremos y volveremos a luchar por esos puestos de privilegio, me encanta esta travesía y de cada una de ellas y sus respectivos viajes guardo recuerdos especiales e inolvidables.
Eché en falta a muchos compis de Atlántico, Dani, Orlando, Iñigo, Eduardo, Jose Luís, Sandra, Elena, Guillermo, Gonzalo, Juani, Saray entre otros muchos, con los que echamos muy buenos ratos antes, durante y después de la travesía…..espero coincidir pronto con todos vosotr@s

Datos de carrera: Travesía Internacional de La Bocaina (Lanzarote-Fuerteventura)

Distancia Garmin: 16231

Tiempo Garmin: 5.16.08

Tiempo Oficial: 5.16.24

Brazadas: 11833

Ritmo medio: 1:56/100 

Puesto general: 10

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