Un año de dolor, un año de ausencia, un año de muchos cambios (parte 1)

Hasta el año pasado, mi blog era el lugar para compartir mis experiencias en  mis carreras, de cualquier tipo, de pruebas de material, recomendaciones varias y, en definitiva, un poco todo aquello que rodeaba a mi persona y en mi día a día, los que lo seguíais de mucho tiempo atrás sabréis de que hablo y aquellos que me seguíais de cerca, quizás sepáis el porque de esta larga ausencia de mis relatos y de mi blog.

Terminé una accidentada temporada 2018, muy marcada por el accidente de moto que sufrí a principio de junio, poco después del Ironcat, mi último Ironman, el número 38, y con el que parece que me voy a tener que plantar, al menos, por algún largo tiempo, pero que pude reconducir y abocado casi, totalmente, a la natación, alternando con algo de carrera cuando pude retomar la carrera, jugando con el SwimRun y empezando a retomar algo de bici a final de año.

Todo parecía ir bien, todo parecía volver a la normalidad y, la temporada 2019 estaba ya, prácticamente, dibujada, diseñada y planificada, con varios fijos de mi calendario y algún reto más que se quedaría en el tintero, soñaba con mi 15º Ironcat consecutivo, con llegar a los 40 Ironman siendo finisher en Altriman, algún que otro half, volver al circuito catalán de corta distancia, repetir o mejorar la temporada de natación del 2018, algo muy muy difícil y exigente para mi, desafiar el Canal de Menorca y con opciones de repetir el Estrecho…todo ello además de llegar a las 50 maratones, competir de nuevo en una prueba de 100k en ruta y, completar además de Bcn Trail Races, algún otro ultra de montaña… nada excepcional, simple «rutina» para mi, un año más y dispuesto a seguir con mi vida normal, mi rutina habitual, a vivir, a disfrutar, a ser, simplemente, yo, compartir nuevas experiencias, conocer nueva gente y, en definitiva, vivir un año más de manera intensa, como me gustaba hacerlo.

El día 13 de diciembre de 2018, justo cuando empezaba a rodar bien en bici junto a Miquel, no estaba corriendo nada mal y recién celebradas mis clásicas y típicas 100 de 100 de natación, un accidente fortuito, un percance en mi lugar de trabajo cambiaría por completo toda «mi vida», mi «día a día», mi «forma de vivir», mi «estilo de vida».

Es cierto que no soy, o era un deportista profesional, pero sí que dedicaba muchas horas a ello y hacía que gran parte de mi vida y de mi mismo girara en torno al deporte, bien al triatlón y ironman, en concreto, bien a la natación en aguas abiertas, era mi forma de vida, era mi «lifestyle» y a través de ello vivía, me ilusionaba y crecía, compartiendo esos momentos, esos premios con la familia, amigos y allegados…y ese día, todo cambió por completo.

Como decía un accidente fortuito, de la manera más tonta, trabajando, con un simple mal gesto, en una actuación policial, porque, para quien no lo sepa, trabajo de Policía Local, saltando una tanca de unos dos metros aproximadamente, con toda mi equipación y demás, un extraño con mi brazo derecho me hizo perder toda la sensibilidad, fuerza y movilidad del brazo en aquel momento, no recuerdo golpe, pero sí un «crack», un crack que me tiró la linterna al suelo, por falta de fuerza, por dolor….no entendía que había pasado ni como me había hecho ese algo, pero en seguida supe que algo no iba bien, que me había hecho daño, que me había lesionado y lo que el caliente de la actuación me había dado, rápidamente lo iba a enfriar una gélida tarde, no quiero pensar mucho en aquel instante, no quiero recordar aquel momento, aquel día, porque cada vez que pienso en ello me duele, me duele algo más que el brazo y me duele de manera tan intensa que el dolor es más mental que físico….recuerdo que fue difícil volver donde teníamos el coche aparcado, que mi compañero en aquel momento tuvo que ayudarme mucho y mucho para poder volver a saltar aquella tanca, alta e inestable, pero lo conseguimos, no sin aumentar el dolor ni sin castigarme mentalmente.

Esperamos un tiempo prudencial, esperando reacción del brazo, pero esta no llegaba, recuerdo romper a llorar, más de impotencia que de dolor y después solicitar el traslado al hospital, la cosa no tenía buena pinta, mis compañeros me ayudaron a despojarme del material de trabajo y a montar en la ambulancia.

Una vez en el hospital y tras las primeras exploraciones, un doctor me dio un primer diagnóstico, nada esperanzador, pero mucho más real y más cercano a todos los que vendrían después por otros especialistas, la lesión era grave, mucho más grave de lo que parecía y sus palabras, aún grabadas a fuego dentro de mi fueron » ya veremos la movilidad y fuerza que recuperas del brazo». Aquel doctor habló claro, sus palabras no me gustaron en contenido, no era lo que quería escuchar ni lo que estaba dispuesto a aceptar, pero desgraciadamente para mi, fue el que más se acercó a la realidad «prepárate para un proceso largo, un proceso de quizás un año…» me negaba por completo a aceptarlo, no entendía como un simple mal gesto podía haberme hecho tanto daño.

Pasé la noche ingresado después de varias pruebas y fui trasladado a otro hospital en Barcelona al día siguiente, más pruebas, y un primer diagnóstico de «Plexo Braquial» afectado además de «algo nervioso», todo sin determinar y sin nada claro, tocaba esperar unos días, ver evolución y realizar alguna prueba más.

La movilidad la fui recuperando progresivamente, la sensibilidad también, pero no así la fuerza del brazo. Electromiogramas varios, resonancias varias, espalda, hombro, brazo, cervicales, ecografías y todo seguía «en el aire» nada claro, nada determinante, solo recuerdo las ganas de estar bien, de volver a ser yo, de recuperar mi vida normal, de volver a trabajar, de volver a entrenar y de recuperar mi vida.

Pronto comenzamos la rehabilitación, la primera fase, y mi primera doctora, pronto me derivaría a otro médico, dejándome en manos de otro médico rehabilitador, apenas 20-25 días después del accidente ya estaba trabajando en la recuperación, tenía muchas ganas, mucha fuerza física y mental, no en el brazo, pero voluntad máxima de recuperar lo antes posible, aunque los médicos nunca escondían que tema nervioso y similar era un proceso que podía ser muy muy largo, y el año mínimo era lo más normal. Mis ganas de estar bien aceleraron el inicio de la recuperación previsto para un poco más adelante. La doctora me dijo que había que agotar el proceso de rehabilitación antes de valorar otros tratamientos, como una cirugía.

Pruebas, recuperación, ejercicios para casa, para fortalecer, sesiones de osteopatía en ARS Salut, sesiones de movilidad neuronal, creo que pocas cosas quedaron por probar, varias infiltraciones, pero nada efectivo definitivamente, solo podíamos parchear momentos, engañar al cuerpo, camuflar del dolor a ratos, soñar demasiado despierto para afrontar interminables noches de insomnio, de puro dolor, de no saber como dormir, en que posición, de demasiado castigo, ahora ya, más mental que físico.

Esta primera etapa duró hasta finales de marzo, habiendo probado todo lo habido y por haber, después de trabajar más de un mes con una maquina isocinética y ver que no había evolución de fuerza de mi brazo derecho, movilidad había, sensibilidad también, dolor muchísimo, pero tras más de un mes de intenso trabajo en dicha máquina no hubo evolución ninguna, los márgenes de déficit de fuerza del brazo derecho respecto al izquierdo oscilaban del 51 al 57% en todos los tests realizados.

Visitas de otros médicos particulares, también de Ars Salut y demás aconsejaban más pruebas, una reso de contraste urgente, sospechas de algo más mal y que se escapaba a todos, lesión de «labrum», slaps, tendones…..y por fin, llegó dicha reso y confirmó esas sospechas, o parte de ellas, justificando, en parte, lo que pasaba, esa no evolución, ese dolor continuo y perpetuo, esa falta de fuerza…el labrum roto, tendón subescapular totalmente roto y supraespinoso muy deteriorado, tocaba pasar por quirófano, era la única solución y la más rápida, aunque llegaba a mi tras casi 4 meses de calvario, de luchar cada día en el centro de rehabilitación, de soñar con estar bien, de querer recuperar mi vida…..pero ahora tenía que volver a cambiar toda esa manera de pensar, replantear muchas cosas, renunciar a muchas cosas que esperaba hacer, metas que quería cruzar y, en definitiva, había que «volver a empezar»…

Coincidió la programación de la operación con la semana santa y todo se retrasó, lo que para algunos no era «urgente» para mi sí lo era, no quería ni podía demorar más esa espera, esos 4 meses se me habían hecho eternos, pobre de mi, ni idea de lo que me faltaba ni me esperaba por delante….

Finalmente, el día 24 de abril, me operaban, cirugía por laparoscopia que me dejó 3 puntitos, 8 grapas, mucho dolor y cero soluciones…era mi tercera intervención quirúrgica, la más dolorosa, la de peor solución, pero la que deseaba con más ganas para poder recuperar mi vida, mi yo natural…..

El diagnóstico inicial era optimista, unos 3 meses para poder estar casi «normal» y poder empezar a trabajar duro, tres semanas de cabestrillo, curas y demás, y vuelta a la rehabilitación….parecía que el final del túnel estaba más cerca

 

…continuará,,,

 

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